Roberto Mickel, el canario que lee la IA china en chino: "Lo que pasa en Shenzhen llega a los medios en español con meses de retraso"

Programador, integrador de inteligencia artificial y director de la academia del CD Tenerife en Shenzhen, Roberto Mickel (Puerto de la Cruz, Tenerife) lleva más de una década instalado en el epicentro tecnológico de China. Desde allí construye software con IA para pymes junto a su estudio Kraak y cuenta lo que ocurre en el ecosistema chino antes de que se traduzca al español. Shenzhen es la ciudad donde el hardware del mundo se diseña, se fabrica y se itera a una velocidad que Europa apenas intuye. Y allí, entre laboratorios de IA y fábricas de prototipos, trabaja un canario que se mueve con la misma soltura en un consejo técnico de fútbol que en un repositorio de código. Hablamos con Roberto Mickel sobre inteligencia artificial, China y cómo se ve el mundo desde el delta del río de las Perlas.

Roberto, ¿a qué se dedica exactamente alguien que vive entre Shenzhen, Hong Kong y Canarias?

A construir. Soy COO y co-fundador de Kraak, un estudio de diseño y producto digital que fundé junto a mi compañera Maite Durán. Creamos herramientas que ayudan a las personas y a los negocios: menús digitales inteligentes para hostelería, software de cumplimiento normativo, monitorización de marcas en modelos de IA... Mi especialidad es integrar inteligencia artificial en productos reales, para empresas reales. Y en paralelo llevo mi otra pasión: soy co-fundador de la International Football Academy Hong Kong y director de la academia oficial del CD Tenerife en Shenzhen.

¿Fútbol y tecnología? No es una combinación habitual.

En China lo es más de lo que parece: aquí todo se mide, todo se analiza, todo itera. Yo vengo de la programación y del análisis de datos, y dirigir un proyecto deportivo internacional en China me ha enseñado algo que ningún máster enseña: cómo funciona este país por dentro, cómo se negocia, cómo se ejecuta. Esa experiencia sobre el terreno es la que hoy aplico a la tecnología.

Usted insiste mucho en algo: leer las fuentes chinas en chino. ¿Tanta diferencia hay?

Toda. Es mi manía y mi ventaja. En China, si no lees las fuentes en chino, solo conoces la versión traducida de todo. Y traducida significa tarde, filtrada y muchas veces mal. Lo que publican los laboratorios chinos de IA o la prensa técnica especializada llega a los medios en español con semanas o meses de retraso, si llega. Yo vivo dentro del ecosistema tech de Shenzhen, tengo el HSK5 y leo los anuncios, los papers y los medios en su idioma original. Eso me permite contar lo que pasa antes, y con contexto. De hecho, de esa manía nació Desde China, el proyecto donde cuento lo que pasa en China antes de que nos enteremos por los medios.

¿Qué se está perdiendo el mundo hispanohablante sobre China?

La velocidad, sobre todo. Aquí un producto pasa de idea a mercado en semanas. Y la profundidad del ecosistema: no es solo hardware barato, es una cultura de iteración brutal, laboratorios de IA compitiendo al máximo nivel mundial y una generación de ingenieros que no tiene nada que envidiar a Silicon Valley. Quien solo lee titulares traducidos se queda con la caricatura.

¿Qué le diría a una pyme española que quiere aplicar IA hoy?

Que no empiece por la tecnología, sino por el problema. La IA no sustituye al empresario: potencia su capacidad de ejecución. Nosotros lo vemos cada día: un restaurante o una empresa familiar puede ahorrar horas de trabajo con herramientas bien integradas. Y que desconfíe del humo: la mejor IA es la que no se nota, la que simplemente hace que el negocio funcione mejor.

Con todo lo que cuenta —el garaje, el fútbol, China, la IA— esto da para escribir un libro, ¿no?

Pues sí, y de hecho lo estoy terminando. Es un libro para ayudar a los emprendedores a integrar la IA de China en sus negocios en Europa: qué herramientas existen, cómo funcionan los modelos chinos, qué se puede aplicar ya y cómo hacerlo con criterio. Todo lo que he aprendido estos años viviendo dentro del ecosistema, contado para que cualquier empresario lo pueda aprovechar sin saber chino y sin tener que venirse a Shenzhen.

¿Canarias o Shenzhen?

Las dos. Después del COVID aprendí a vivir entre los dos mundos, y ese puente es precisamente mi sitio. Nací en Puerto de la Cruz y todo lo que hago lleva eso dentro. Pero mi ventana al futuro está en Shenzhen.

Puedes seguir el trabajo de Roberto Mickel en su web personal y blog, rmickel.com, y sus análisis sobre el ecosistema tecnológico chino en desdechina.es.